Bienvenidos a Cartas desde el pozo. Pronto se os acostumbrará la vista y confirmaréis que aquí las paredes rezuman agua insalubre y el suelo de cantos y guijarros entorpece el movimiento. Sin embargo, algunos hemos dado con un rincón donde sobrevivir. Allí sonreímos a la tragedia, labramos la ciénaga para cultivar comedias, y nos hemos conjurado para que el esperpento sea nuestra rutina. Seguidme y os conduciré hasta el lugar del que os hablo.

Todos arrojáis vuestros desperdicios al pozo: lo que os obsesiona, lo que no os atrevéis a mostrar, lo que no debería haceros reir pero inevitablemente os provoca carcajadas incontenibles... lo que os impide ser normales. Bajad y descubriréis que estáis descartando la mitad de vosotros mismos. Posiblemente, la mejor mitad.

El código del pozo

En Cartas desde el pozo sólo hay una regla: expresamos ideas, sensaciones y sentimientos por medio de palabras, pero evitamos la pedantería, la chabacanería o el exceso de afección.
Aquí caben todos los registros, pero no atormentes con tu tormento ni intentes hacer reír con esa broma que ahora triunfa en los bares. No buscamos eso.
Y a la derecha, Lo que cae al pozo, nuestra sección de objetos perdidos que merecen ser rescatados del olvido.

Si quieres publicar o sugerir objetos, escribe a
cartasdesdeelpozo@ya.com

martes, 20 de noviembre de 2007

A ti, que eres cine

En ti, imagen de cine, siempre en ti
íntimamente en tu gesto espero
interpretar sueños fabricados,
emociones hondas para mi letales.

Así te vi, afiche dos por uno
exigiendo atención mientras devolvías,
fetiche de marquesinas, mi reflejo:
gestos mudos de anhelo insatisfecho.

Y fue allí, cuando te creí real
-anónimo y fiel desde aquella butaca-,
ilusión de vísceras de celuloide
como emulsión, luz que bañaba la plata

Acaso en mi eres secuencia continua.
A veinticuatro tragedias por segundo
te sigo viendo una y mil veces
luminiscente entre los fotogramas.
Pero ahora sí, sueño imposible
a ti te confieso que siento miedo
que sufro el vértigo de poderte olvidar.

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