Bienvenidos a Cartas desde el pozo. Pronto se os acostumbrará la vista y confirmaréis que aquí las paredes rezuman agua insalubre y el suelo de cantos y guijarros entorpece el movimiento. Sin embargo, algunos hemos dado con un rincón donde sobrevivir. Allí sonreímos a la tragedia, labramos la ciénaga para cultivar comedias, y nos hemos conjurado para que el esperpento sea nuestra rutina. Seguidme y os conduciré hasta el lugar del que os hablo.

Todos arrojáis vuestros desperdicios al pozo: lo que os obsesiona, lo que no os atrevéis a mostrar, lo que no debería haceros reir pero inevitablemente os provoca carcajadas incontenibles... lo que os impide ser normales. Bajad y descubriréis que estáis descartando la mitad de vosotros mismos. Posiblemente, la mejor mitad.

El código del pozo

En Cartas desde el pozo sólo hay una regla: expresamos ideas, sensaciones y sentimientos por medio de palabras, pero evitamos la pedantería, la chabacanería o el exceso de afección.
Aquí caben todos los registros, pero no atormentes con tu tormento ni intentes hacer reír con esa broma que ahora triunfa en los bares. No buscamos eso.
Y a la derecha, Lo que cae al pozo, nuestra sección de objetos perdidos que merecen ser rescatados del olvido.

Si quieres publicar o sugerir objetos, escribe a
cartasdesdeelpozo@ya.com

domingo, 22 de julio de 2007

El Pisaseñoras: entrada de diario (autenticidad sin confirmar)


















Hoy, en el tren, he pisado a una señora.


No la conocía.





Sé que soy un benefactor de la humanidad. Alguien tenía que hacerlo.



Por un instante mi mirada ha coincidido, uno por uno, durante centésimas de segundo, con todos y cada uno de los demás viajeros del vagón de cercanías.
Y con los ojos nos lo hemos dicho todo.
Y yo he asentido.
Me he sentido preparado para ser el pie ejecutor de la mayoría.


Y pisarla.


Porque había que pisarla. Y la pisé, pero bien.


Y me dolió más a mi que a ella.Pero había que hacerlo.


Y me ha gustado la experiencia, así que , a partir de ahora, me voy a dedicar a pisar señoras en los transportes públicos.


Seré conocido como el "pisaseñoras" y todas huirán de mi al verme llegar.


Verdaderas estampidas de señoras por los trenes de cercanías huyendo de mi, del "pisaseñoras"


Herminda, te quiero.

1 comentario:

Instituto Smolny dijo...

Decía Leopoldo María Panero, puto loco, en la película Después de tantos años: "me gusta aplastar cigarrillos con los pies, es como si me cargara a alguien".