Bienvenidos a Cartas desde el pozo. Pronto se os acostumbrará la vista y confirmaréis que aquí las paredes rezuman agua insalubre y el suelo de cantos y guijarros entorpece el movimiento. Sin embargo, algunos hemos dado con un rincón donde sobrevivir. Allí sonreímos a la tragedia, labramos la ciénaga para cultivar comedias, y nos hemos conjurado para que el esperpento sea nuestra rutina. Seguidme y os conduciré hasta el lugar del que os hablo.

Todos arrojáis vuestros desperdicios al pozo: lo que os obsesiona, lo que no os atrevéis a mostrar, lo que no debería haceros reir pero inevitablemente os provoca carcajadas incontenibles... lo que os impide ser normales. Bajad y descubriréis que estáis descartando la mitad de vosotros mismos. Posiblemente, la mejor mitad.

El código del pozo

En Cartas desde el pozo sólo hay una regla: expresamos ideas, sensaciones y sentimientos por medio de palabras, pero evitamos la pedantería, la chabacanería o el exceso de afección.
Aquí caben todos los registros, pero no atormentes con tu tormento ni intentes hacer reír con esa broma que ahora triunfa en los bares. No buscamos eso.
Y a la derecha, Lo que cae al pozo, nuestra sección de objetos perdidos que merecen ser rescatados del olvido.

Si quieres publicar o sugerir objetos, escribe a
cartasdesdeelpozo@ya.com

miércoles, 2 de julio de 2008

Retratos con palabras

Ando en vano intentando
nunca más ver tu imagen
y evocarte en palabras.
Que te adivino sombra
huérfana de paredes blancas,
que te intuyo contorno
a razón de unos pliegues
en las sábanas revueltas.
No, que aún creo tocarte
donde ya sólo hay vacío.

Ando ahora queriendo
Retratarte con unas palabras.
Palabras serpenteantes
como tus mechones dispersos.
Vocablos llanos y extensos
Como tu vientre estepario.
Términos de tacto húmedo
como tu sexo empapado.

Nombres de rasgos perfectos,
como aquel que un día alguien te puso.

Algo de música

¡Salud, canción pegadiza!
Notas y voces, suspiros
latiendo mi pulso a otro ritmo
como un sencillo Do-Re-Mi.

¡Abrazos, frenética orquesta!
aquella noche de verbena
amanecí burlando a la pena
tarareando un ni-no-ni.

¡Besos, mamá naturaleza!
por darme a ver a tu hija
que es armonía en si misma
hecha de música, Noemí.

Hace días

Hace días que el cielo no acierta
a asolear la tierra,
que la noche no es ya aquella
inmensa coartada de luna intensa.

Hace ya días, unos cuantos días
que los gobiernos no se entienden
y se amenazan con la guerra.
Correrá la sangre sobre esa tierra
de cielo desdibujado
sólo por lo de hace unos días.

Es que hace días que ya no me llamas
y sólo sé de ti que callas
sin mensajes, citas ni cartas.

Si siguen así las cosas como hace días
el mundo se irá a la mierda.
El tuyo, sí, pero más el mío
que no vivía de cielos, lunas o guerras
Sino de mensajes, citas y cartas.

Memoria

I
Llegaste cuando del color de la pena
amanecía el cielo sobre mi tejado.
Cuando los fragmentos de mi vida
se esparcían por una alfombra vieja
Y ahora te veo jugar con ellos
como un puzzle para niñas pequeñas
como si fuese fácil hacer muñecos de nieve sobre la arena.

II
Y apareces tú de un copo de nieve
de una centella
con una belleza tan honesta
que de honesta es perfecta.

Yo sonrío al suelo
Y escondo mis manos a la espalda
Temblando espero tu regalo

III
A mi alrededor
vuelas y vuelas y vuelas
con las formas de una ninfa
y los movimientos de un cisne.
Frente a ti
Yo sonrío y sonrío y sonrío
Con la ilusión de un niño chico
La ingenuidad de…

IV
Pero va a llegar un día amargo
En que ya no volarás en círculo
Te alejarás en línea recta
Y yo querré tener alas para seguirte
Pero mis brazos no podrán elevarme.

Mi tejado despertará otra vez en sombra
Mientras iluminas otro cielo
Y yo sólo podré decirte a la espalda lo que me enseñó Pere:
“Estaré enamorado hasta la muerte
y…”*

*Pere Gimferrer: La muerte en Beverly Hills, 1973

lunes, 21 de abril de 2008

Sin título

A Katyusha

Y dirás en la distancia
que yo no dije nada,
pero mi lengua
limpiaba de sal las caracolas,
¿Acaso escuchaste al mar
que susurraba?
Yo oía tus gemidos marinos
entre grieta de acantilados.
Y mordí tus labios rotos
porque era la herida
lo que los hacía hermosos.
Así, presente eras tan bella
como ausente eres perfecta.

Paisajes urbanos. Despedida

Ante los cristales tintados
del tren que marcha
un plano se desliza
frente a otro que arraiga.
Tu plenitud dentro emerge
al ahogar fuera mi deseo.

Puta vida
Puta y miserable vida.
¡Otro grotesco espejismo!
Mi reflejo se burla de mí
mientras mi amor se aleja.

Cantos de collares, vidas y prendas

Canto primero

Nubló la verdad así declarada:
mi confesión sincera,
secreto revelado,
como la ley sagrada.

Te fuiste dudando si te quería,
sin leer en la última página
que mi vida ya no era muy mía,
siguió tu canto, sirena hipnótica,
y nunca jamás la devolverías.

Debí devorar tus collares bellos
Apetito inspirado
en la avidez eterna
de recorrer tu cuerpo.

Y así acecharías próxima siempre,
como loba ofendida al acecho
ante mi vientre, carroña latente,
al asalto estepario de venganza,
anhelando abrirme vivo y caliente.

Canto segundo

Anda, ven ahora a por ellos.
Que el océano son sólo mis lágrimas
y no habrá ojos que lloren cuando te vean.

Fondea con la primera marea.
Que los continentes son hielo a la deriva
llamados al encuentro por la fuerza del viento.

Ven ya, qué más esperas.
Que el futuro somos tú y yo
haciendo girar el mundo a la inversa
deteniendo la noche y el día con cada vuelta.

Anda y fíate de mis letras,
de mis silencios y de las ausencias
que el amor soy yo mismo expresado de esta manera.

Canto tercero

Dame mi vida,
que yo te daría aquellos collares

Mientras, aquí te sigo mirando
¿dónde está entonces mi recompensa?
Si no pienso en ti, siento el eco en mi cabeza
¿Qué es mi vida sin tu presencia?
¿Dónde está la prenda?
¿Qué hay pues de tu primavera?