Bienvenidos a Cartas desde el pozo. Pronto se os acostumbrará la vista y confirmaréis que aquí las paredes rezuman agua insalubre y el suelo de cantos y guijarros entorpece el movimiento. Sin embargo, algunos hemos dado con un rincón donde sobrevivir. Allí sonreímos a la tragedia, labramos la ciénaga para cultivar comedias, y nos hemos conjurado para que el esperpento sea nuestra rutina. Seguidme y os conduciré hasta el lugar del que os hablo.

Todos arrojáis vuestros desperdicios al pozo: lo que os obsesiona, lo que no os atrevéis a mostrar, lo que no debería haceros reir pero inevitablemente os provoca carcajadas incontenibles... lo que os impide ser normales. Bajad y descubriréis que estáis descartando la mitad de vosotros mismos. Posiblemente, la mejor mitad.

El código del pozo

En Cartas desde el pozo sólo hay una regla: expresamos ideas, sensaciones y sentimientos por medio de palabras, pero evitamos la pedantería, la chabacanería o el exceso de afección.
Aquí caben todos los registros, pero no atormentes con tu tormento ni intentes hacer reír con esa broma que ahora triunfa en los bares. No buscamos eso.
Y a la derecha, Lo que cae al pozo, nuestra sección de objetos perdidos que merecen ser rescatados del olvido.

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miércoles, 2 de julio de 2008

Hace días

Hace días que el cielo no acierta
a asolear la tierra,
que la noche no es ya aquella
inmensa coartada de luna intensa.

Hace ya días, unos cuantos días
que los gobiernos no se entienden
y se amenazan con la guerra.
Correrá la sangre sobre esa tierra
de cielo desdibujado
sólo por lo de hace unos días.

Es que hace días que ya no me llamas
y sólo sé de ti que callas
sin mensajes, citas ni cartas.

Si siguen así las cosas como hace días
el mundo se irá a la mierda.
El tuyo, sí, pero más el mío
que no vivía de cielos, lunas o guerras
Sino de mensajes, citas y cartas.

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